18 de octubre de 2007

El Gen argentino: ¿Resultado de gustos populares o de sistemas electorales? (o: La Paradoja de Pergolini)

POST VILMENTE CHOREADO A EL CRIADOR DE GORILAS
http://elcriadordegorilas.blogspot.com

El Criador sigue recibiendo visitas estelares, que en este caso prefieren mantener el anonimato. El Narrador de San Telmo nos envía esta muy recomendable columna. Este blog se sigue yendo para arriba, eh:

"El popular presentador Mario Pergolini conduce un exitoso programa de TV en el que se busca elegir al argentino que mejor nos represente.

El programa es interesante ya que, mas allá de la excusa de elegir a este argentino “representativo”, presenta en televisión abierta y en un horario central temas de nuestra historia y cultura con un nivel realmente poco común, gracias tanto a la capacidad de los “panelistas” y al oficio del conductor, como a la excelente producción del ciclo.

Pero, a su vez, el programa nos permite una reflexión interesante sobre las relación que existe entre las preferencias individuales (gustos, ideas y opiniones de la gente) y los resultados (es decir, quiénes resultan “ganadores”).

Que los tres seleccionados que pasaron a la ronda final hayan sido Favaloro, Fangio y San Martín seguramente llama la atención, en particular si los comparamos (sobre todo a los dos primeros) con las pasiones que despiertan el Che Guevara y Alberto Olmedo, recientemente eliminados.

Ni hablar de que en su rubro se haya elegido a Fangio por sobre Maradona. Prácticamente nadie en nuestro país usa remeras con la cara de nuestro quíntuple campeón mundial de automovilismo, ni se tatúa su cara, ni se cantan canciones en su honor en las canchas o en los boliches. Más aún, los fanáticos que sin dudas tuvo Fangio tienen una edad promedio que excede con creces al público tradicional de Pergolini. Recordemos que el último campeonato que obtuvo el piloto fue hace más de medio siglo. Entonces, ¿qué esta ocurriendo?

Si le pidiéramos a cualquier extranjero que nombrara a algún argentino representativo, seguramente mencionaría a Evita, al Che, a Maradona, a Perón, a Gardel y quizás a Borges, en distinto orden. Sin embargo, sólo una de estas personalidades llegó a la rueda final, y fue precisamente el primer eliminado. La respuesta a esta rareza es muy simple: los resultados de las elecciones se debieron más al sistema de votación implementado que a las opiniones de la gente.

Quienes estudiamos las reglas de decisión colectivas sabemos que esto generalmente es así, y tenemos miles de libros, artículos y modelos que lo demuestran. Sin embargo, para el gran público esto es un tema desconocido.

Tomemos para explicarlo un solo ejemplo, la votación para elegir al finalista del rubro “deportes”. Si los votantes hubieran tenido que elegir a uno solo entre los diez candidatos iniciales, utilizando un sistema de mayoría simple (donde gana el que más votos obtiene), seguramente hubiese resultados ganador alguien con fuertes seguidores, como Diego Maradona. Pero el sistema empleado, que consiste en decidir entre dos anteriormente seleccionados, produce que no gane el más querido sino el menos no querido, que no es para nada lo mismo. Las votaciones de a pares, uno contra uno, llevan muchas veces a votar más en contra que a favor de un candidato, como bien sabía el filosofo y marqués de Condorcet, que empezó a investigar estas cosas en la Francia del siglo XVIII y diseñó un sistema de votación que buscaba precisamente eso (el “método Condorcet”) y que está en la base del actual sistema de ballotage.

Según sus palabras, esta forma de decidir lograba que aquellas opciones fuertes y “con preferencias intensas”, pero minoritarias, perdieran siempre contra opciones que tuvieran menos preferencias intensas, pero que también generaran menos antipatías. Es decir que este sistema genera ganadores “moderados”, sin grandes fervores pero también sin grandes oposiciones.

Maradona genera pasiones. Hay seguramente un grupo importante de argentinos (entre el 30 y el 40%, supongamos) que lo adora, que mira cada vez que puede el segundo gol contra Inglaterra y que llora viendo su imagen con la enfermera después del partido contra Nigeria en el mundial de EE.UU. Pero despierta pasiones igualmente intensas en su contra, de todos aquellos que no les gustan su desparpajo, que critican sus transgresiones, que se indignan con el gol de “la mano de Dios”, etc. Quizás sean menos que los primeros, pero están dispuestos a votar a cualquiera en su contra, incluso a un piloto de F1 del que quizás sólo conocían el nombre. Sus votos se suman a los que realmente quieren a Fangio y a los de los moderados que, si bien no odian al Diego, tampoco lo quieren demasiado y votarían no a cualquiera -como el otro grupo- pero sí a todo candidato que tenga un perfil más mesurado y tranquilo. Resultado: Fangio gana con comodidad (60 a 40%) y pasa a la siguiente ronda.

Una vez en ella, Fangio debe pelear primero contra otros candidatos “intensos”: el Negro Olmedo y el Che Guevara, y otros dos aún más moderados que él (San Martín y Favaloro).

En este último caso la decisión es aún más fácil, porque se trata de un voto eliminatorio donde se elige a quién se quiere expulsar. Esto lleva a que los moderados ganen: ¿quién se va a dedicar a votar en contra de un Fangio o de un Favaloro, que despiertan muy poco entusiasmo pero aún menor rechazo? ¿Cuántos sí detestan al Che y al Negro? Ambos seguramente tienen muchos más seguidores que los primeros, pero también muchísimos más detractores. Nuevamente, el sistema electoral favorece a los moderados y logran ingresar a la terna final, de donde saldrá el ganador.

Una vez en la última parte de la ronda final la regla electoral vuelve a cambiar y pasamos nuevamente al voto positivo. Fangio pierde positivamente la primera votación y Favaloro la segunda contra San Martín, finalmente “el Padre de la Patria” y el “Santo de la Espada”.

Así, el argentino más representativo no es, por lo tanto, sólo aquel que prefieren los argentinos, sino también aquel favorecido por las reglas electorales utilizadas en las distintas instancias.

Si se hubiesen utilizado otros métodos de votación, como el ideado por el matemático francés Jean Charles de Borda, contemporáneo de Condorcet, o el propuesto por el filósofo ingles Jeremy Bentham, padre del utilitarismo, seguramente hubiésemos tenido en las rondas finales candidatos más “intensos”.

Ahora bien, si hubiesen ganado figuras más “intensas”, ¿esto habría estado más cerca de lo que realmente los argentinos pensamos? No, lo que los estudios de las reglas de decisión demuestran, desde los trabajos del economista estadounidense Kenneth Arrow -y su teorema de la imposibilidad- y del académico escocés Duncan Black, es que no existe ningún sistema, ninguna regla capaz de traducir "correctamente" preferencias individuales en resultados colectivos. Es decir que no existe ningún mecanismo capaz de seleccionar siempre la alternativa que mejor expresa las ideas, preferencias u opiniones de los individuos.

Si los trabajo de Arrow reciben el nombre de la paradoja de la votación, en nuestro humilde ámbito local bien podemos hablar, después del Gen Argentino, de la Paradoja de Pergolini.

Como nota al pie, cabe expresar cierta molestia o incomodidad, que no obedece al programa ni a sus reglas, sobre el hecho de que en la elección del argentino que mejor nos representa sólo una argentina haya podido competir con posibilidades de éxito. Esperemos que esto cambie en el nuevo siglo que estamos comenzando".

No hay comentarios: